Asesoramiento y Terapia Psicológica

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lunes, 26 de octubre de 2015

Cambiar de piel.




 
Cualquier cambio profundo que abordamos en nuestra vida, lleva consigo un cambio de piel. Algunas veces, esa piel es suave y confortable, pero  en otras, nos escuece e incomoda hasta límites de llegar a paralizarnos, sumiéndonos en un sentimiento de pérdida infinita del que no creemos posible poder salir.
Ser capaces de discernir de la necesidad de cambio es por sí misma una tarea difícil que requiere una cierta dosis de sabiduría. No obstante el cambio termina produciéndose, queramos o no,  y es en ese instante, cuando nos embarga una sensación de incapacidad y una total falta de control.
¿Somos siempre conscientes de esa necesidad de cambio?,  a vote pronto la respuesta sería NO, pero yo no estaría tan segura.
Estoy convencida de que de alguna manera se enciende dentro de cada uno de nosotros una alerta, otra cosa bien distinta es el que queramos prestar atención.  ¿Cuántas  veces, a posteriori, hemos escuchado, “si, dentro de mí algo me lo decía…. pero fui incapaz…”. 
Acomodarnos a lo conocido, aunque sea ciertamente nocivo, es relativamente fácil.  Nuestro entorno, nuestro espacio de confort  nos envía continuamente mensajes disonantes, engañándonos, invadiéndonos con frases tales como: "es mejor que aguantes, todo terminará pasando"  "¿dónde vas a estar mejor?"  y lo que es peor: "Tu no puedes".. al final lo que acabará realmente pasando es la propia vida.
Pues bien, hay que romper de una vez con todas las ataduras que hacen daño, que nos minan la voluntad de avanzar.  No digo que sea fácil, pero tampoco es morir en vida.
Malos matrimonios.. amistades peligrosas.. miedos paralizantes.. concepto de uno mismo pobre e incluso cruel…  nos encierran en un bucle continuo donde el cambio de rumbo se ve imposible de llevar a cabo.
 

Pero esto no es real, siempre hay alternativas, siempre hay nuevos caminos que emprender. No insistas en aquello que te hace daño, piensa que si algo quieres que cambie, tendrás que dejar de hacer siempre lo mismo. A corto plazo puede resultar difícil, pero a la larga aumentará tu bienestar y tu sentido de autoeficacia, al comprobar que has sido capaz de tomar las riendas de tu vida.

 
No todas las personas poseen la misma fuerza a la hora de llevar a cabo este tipo de decisiones. La primera decisión es saber cómo y con quien contar para recibir la ayuda necesaria para romper con el pasado tóxico. A veces será la propia familia o los amigos, en otras, se podrá contar con asociaciones y/o con profesionales cualificados que aportaran su experiencia para ayudar a la personas que así lo necesiten.  
Nunca hay que olvidar que hay futuro. Tendremos que  salir del carril equivocado para situarnos en una mejor posición. Sólo hay una consigna que jamás debe cuestionarse: tengo derecho a ser feliz.

                                                                                                Arpsicología